Para decir sí o no,
hay que tener varias consideraciones, la primera es que para los que no han
jugado fútbol sea o para aquellos que habiendo jugado en cualquiera de sus
categorías pero a quienes el talento y los dones divinos del cielo no los
premiaron para hacer goles cada tanto, les resultará muy difícil entender las
emociones que se sienten en ese momento mágico, así el gol sea de penal.
Hacer un gol es una
bendición, el gol es la esencia del fútbol, es lo que le da sentido y además lo
que lo nutre de sentimientos y emociones irracionales tanto para el jugador que
lo convierte, como para los hinchas que desde la tribuna se contagian de este
momento irrepetible.
Es cierto que a
primera vista uno pensaría que resulta inapropiado que un jugador que vistió
los colores de una escuadra, le celebre luego un gol en la cara a sus antiguos
hinchas, ya vestido con otros colores; algunos sabios octogenarios que comentan
y narran por televisión se indignan cuando esto ocurre y salen a condenar al
villano de turno por no reprimir sus instintos y hasta lo llaman provocador de
violencia, mejor dicho el tipo sale a deberles.
Pero no siempre puede
condenarse al héroe de turno por hacer su trabajo, un futbolista y más un
delantero nace para hacer goles, donde le toque, cómo le toque y contra quién
le toque; hacerlo es en realidad muestra de profesionalismo y de honestidad con
el equipo donde juegue, el cual además es su empleador, quien le paga su sueldo
y le da para vivir.
Sin embargo cabe
anotar que existen diversas situaciones para justificar o no la celebración de
un gol ante una hinchada contraria, un primer contexto es cuando se presenta un
festejo mesurado como muestra de respeto a un antiguo club, ejemplo de este
caso ocurrió en un partido de Copa Libertadores en el año 2000, entre el
Atlético Nacional y el River Plate Argentino, donde el antiguo goleador del
verde de Antioquia Juan Pablo Ángel considerado uno de los ídolos de aquella
institución y que para ese entonces ya vestía la casaca de la banda
riverplatense, terminó por convertir un gol de gran factura que dejó en tablas
aquel encuentro y puso en aprietos al equipo Paisa, quedando posteriormente
eliminado del certamen en primera ronda. En ese momento aunque el estadio de
Medellín quedó en silencio, Juan Pablo solo celebró abrazando a sus compañeros
de equipo y casi que pidiendo excusas a la hinchada que lo había visto crecer,
la gente al final del juego lo aplaudió por expresar respeto a su inmediato
pasado, reconociéndole su calidad y comprendiendo que Ángel ahora se debía a
otros colores.
Un segundo tipo de
situación se da cuando un jugador marca un gol a su antiguo equipo y lo celebra
a rabiar sin importar que el mismo sea convertido en un amistoso, en la primera
fecha o cuando en realidad el gol significa el triunfo en un clásico o para
celebrar un torneo. En este tipo de escenario famosos jugadores se han
destacado, pero habría que considerar que en muchas ocasiones se habían ido mal
de sus antiguos equipos, peleados con la afición, con un técnico, con los
directivos y hasta con sus propios compañeros. Muestra de este ejemplo es el del
español Luis Enrique, jugador primero del Real Madrid donde no fue el más
querido en dicho club y quien años después paso al Barcelona FC (que en
realidad era el equipo de sus amores), por lo que no le costó celebrarle en la
cara varios goles a los hinchas madridistas durante varios años. En este caso,
razones personales hacen perder el pudor del goleador de turno y la pasión se
apodera de él para celebrar con alma y corazón la conquista, sin importar quien
está en frente, algo completamente entendible.
Un tercer caso ocurre
cuando jugadores que han vestido hasta 14 camisetas en una misma liga, se
resignan a no celebrar casi nunca un gol, porque han jugado para tantos equipos
que a todos les deberían una muestra de respeto, sin embargo es un disparate
pensar de esta manera, pues en muchos casos sus pasos por los diversos
conjuntos fueron por periodos cortos, o por periodos no tan cortos donde su
huella fue imperceptible para hinchas y directivos. Ejemplo de este caso es el
de Wilson Cano quien llegó a la cifra de 14 equipos colombianos en su hoja de
vida y si bien en unos hizo más historia que en otros, no por eso debió dejar
de celebrar los goles que anotó, pues en su gran mayoría hubiera sido imposible
que por respeto se contuviera al marcarle goles a 13 rivales diferentes…sin embargo yo
desconfío de aquellos que cada seis meses besan el escudo de turno, de estos
mercenarios líbrame Señor!
Un cuarto caso se
presenta cuando un jugador que jamás hace goles, cómo un arquero, un defensa o
muchos delanteros sin condiciones, se privan de festejar un gol porque se lo
hacen a su antiguo equipo, en este caso tampoco debe importar nada, en realidad
hacer un gol y más en el fútbol profesional no es para todo el mundo y por ello
jugadores reconocidos por su poca cuota de gol, basada en limitaciones de
dominio, definición o inteligencia, no deben aguantarse la ganas de salir
corriendo por toda la cancha abrasando compañeros, aguateros, mascotas y
porristas para conmemorar la feliz equivocación de haber marcado, así lo hayan
hecho a su equipo anterior, en esta situación vale todo!
Pero la más patética
y la única situación que no comparto para que alguien le celebre un gol en la
cara a la hinchada de su antiguo equipo,
resulta cuando algunos jugadores limitadísimos hacen un gol y salen a
celebrarlo de manera irrespetuosa y provocadora al frente de la hinchada
contraria, más si es la hinchada local en ese momento, para demostrar que se
están perdiendo de un crack no valorado anteriormente por ellos mismos, el cual
emigró a otro equipo en busca de un mejor futuro ya que no se le reconoció su innegable talento, aunque normalmente se
han ido por su bajísimo nivel. Ejemplo de esto ocurrió en Bogotá el año pasado
cuando el delantero del Itagüí FC Efraín Viáfara en la liga Colombiana, le
marcó un gol a Santa Fe su antiguo equipo, donde había estado jugando la
temporada anterior dejando un déficit de gol y capacidades bastante importante,
y demostrando que lo único que no tenía eran condiciones para jugar al fútbol
profesional. Seguidamente al marcar el gol, corrió a la tribuna local y con
ademanes groseros y bailando como si hubiera ganado el balón de oro, trató de
ofender a los hinchas por haber hecho el 0-1 parcial del encuentro. Una hora
después el partido había terminado 3-2 a favor del local dejando el gol de
Efraín solo para la estadística; meses después en eliminación directa por la
semifinales del torneo, Santa Fe derrotó en partidos de ida y vuelta al Itagüí
(3-2 y 0-1) dejándolo eliminado y demostrando que Viáfara tiene mucho talento
para el baile.
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Celebración del Arquero Camilo Vargas al anotar un gol en el clásico Capitalino en Colombia |
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Viáfara increpando a la hinchada de Independiente Santa Fe. |
Fantástico relato!!
ResponderEliminarCon mucho cariño para todos los amigos y seguidores de este blog! un abrazo!
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